Toma Uno - Ciudad pequeña, sábado por la noche - 28/11/20

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El pasado lunes, día 23, supimos que Hal Ketchum, el artista de Greenwich, en el estado de Nueva York, había muerto en su hogar tejano de Fischer por complicaciones con su demencia, dejando vacante otro de los taburetes destinados a los grandes trovadores. En 1989, editó un primitivo álbum titulado "Threadbare Alibis" en la independiente Watermelon, producido por él mismo y cuyos beneficios siempre fueron a parar a sus dos hijos, Sarah y Graham, fruto de un anterior matrimonio lleno de frustraciones. Durante su carrera tuvo la consideración de ser uno de los más brillantes vocalistas y compositores de la country music, aunque él siempre prefirió que su música hablara por él, prefiriendo la privacidad del anonimato. Tuvimos el privilegio de conocerle personalmente en los mejores momentos de su carrera y comprobar su extraordinario talento para compartir historias.

La popularidad llegó con "Small Town, Saturday Night", una canción compuesta por Pat Alger y Hank DeVito que consiguió el primer puesto de las listas de sencillos en 1991 con el apoyo de un video rodado en blanco y negro bajo la dirección del fotógrafo Jim McGuire y basado en el film "The Terror Of Tiny Town". Había pasado un año desde su firma con Curb Records. Los singles posteriores de Hal Ketchum, sobre todo "Past The Point Of Rescue" -la canción que titulaba aquel trabajo-, dieron una imagen más cercana a la realidad de este cantautor que siempre poseyó una rara habilidad para recordar letras de canciones desde sus años más jóvenes, incluso cuando tocaba la batería en una banda de rhythm and blues a los 15 años. Tuvo una infancia con el tocadiscos siempre sonando en casa. Su padre, linotipista para Gannett Press, era un fanático de Marty Robbins y Hank Snow, además de tocar el banjo de cinco cuerdas. Su madre, que sufría de esclerosis, adoraba a Nat King Cole, Duke Ellington y Frankie Laine, mientras su abuelo era un experto violinista clásico. Aquello ayudó sobremanera a que se despertara su interés por la música. Han sido 31 años de carrera, desde su debut en aquel pequeño sello independiente, con un buen número de espléndidas canciones que no debemos olvidar.

Este 2020 sigue siendo un año terrorífico que también parece ensañarse con artistas de nuestro amplio paraguas sonoro. 10 días antes de la muerte de Hal Ketchum perdíamos a Doug Supernaw debido a un cáncer irreversible de pulmón y vejiga que le diagnosticaron hace año y medio. La búsqueda de nuevos valores en el mercado de Nashville al comienzo de los 90 lanzó a la palestra a un tejano de Houston que se movió durante seis años por la ciudad y en quien se fijó el productor Richard Landis para publicarle el álbum Red And Rio Grande, un disco equilibrado entre canciones propias, como la que le daba nombre genérico, y algunas otras de los compositores básicos de aquellos tiempos. Su impresionante aspecto externo, propio de un jugador de fútbol americano, contrastaba con sus interpretaciones emocionantes en la línea de Vern Gosdin y Gene Watson.

Doug Supernaw tuvo la paciencia de esperar a que se produjeran los cambios oportunos en su compañía de discos para empezar a hacerse popular a finales de 1993. Casi un año después publicó su segundo álbum, Deep Thoughts From A Shallow Mind, en el que destacaba su versión al éxito de 1975 para David Allan Coe, "You Never Even Called Me By My Name", que esta vez grabó con el propio Coe, Charley Pride y Merle Haggard como invitados por orden de aparición. La canción había sido compuesta por Steve Goodman y John Prine, pero este último pidió no figurar como autor porque no quería ofender a la comunidad de la country music, de cuya industria de Music Row hablaba en un tono especialmente satírico.

Spencer Burton parece haber regresado a sus raíces naturales en "Nothing's Changed", el tema de anticipo de su nuevo álbum, Coyote, que reflexiona sobre la vida de los lugares en que deambulan los búfalos y donde, como dice su título, nada ha cambiado. Coyote es el quinto quinto álbum de estudio en solitario de este canadiense originario de Toronto, en Ontario, que se mudó a la zona rural de Niágara. Tal vez por eso quiso que la grabación de este trabajo se hiciera con un equipo analógico aunque para ello tuviera que trasladarse a Nashville. Como en otros casos, Spencer Burton estuvo tocando punk rock con Attack in Black y fue miembro de una banda indie como City and Color. Pero pareció entrar en razón y cambiar su perspectiva. Es algo que le acerca mucho a lo que suena cada fin de semana en nuestros aperitivos compartidos.

Colorado" es una de las canciones más poderosas de las últimas fechas en la voz de Ward Davis, un ejemplo del outlaw country de los nuevos tiempos y de cómo músicos tan reconocidos como Willie Nelson, el desaparecido Merle Haggard o Trace Adkins han interpretado sus creaciones. La canción la conocimos hace un par de años, cuando Cody Jinks, que la compuso junto a él, la incluyó en su álbum Lifers, y sigue manteniendo el poderío de entonces y su tono vocal conmovedor. Este músico de Monticello, en Arkansas, se muestra especialmente artesanal en su nuevo álbum, Black Cats and Crows, donde muestra de forma evidente su esfuerzo por recoger el legado que sus predecesores en el terreno del country han dejado, y trabajar en su desarrollo segundo terminamos la segunda década del siglo XXI.

El camino de Sean Harrison parece el inverso al de Ward Davis, ya que el primero nació en Nashville y se crió en el estado de Arkansas, en concreto en Fayetteville, donde siempre regresa. Así lo ha hecho, tras recuperar su prometedora carrera debido a decisiones personales poco afortunadas. De ello habla en Halfway From Nashville, un álbum que tiene en “Gravel & Dirt” su tema de apertura, revelando un sentido del humor lleno de ingenio y poco común, que a veces incluso desprecia su propia manera de comportarse. Sean Harrison es un tipo curioso con una categoría como contador de historias que recuerda a James McMurtry o Slaid Cleaves.

"Hasta luego Nashville, TN / No puedes quedarte con lo que queda de mí / Y por lo que puedo decir / Ya es hora de que te desee lo mejor / Me construiste, me liberaste"... Así canta Chris Stapleton en “Nashville, TN”, la canción de cierre de su último álbum, Starting Over, dando pie a todo tipo de especulaciones. Mitad lamento y mitad homenaje a la ciudad que, en cualquier caso, le ha hecho extraordinariamente popular. Es bien cierto que Stapleton tenía pensado grabar una buena parte de este proyecto en Muscle Shoals, pero un corte de energía en toda la ciudad determinó el cambio de planes. La composición de “Nashville, TN” está compartida con su mujer, Morgane, la mujer que se ha convertido en imprescindible desde sus comienzos. Este cuarto álbum del artista de Kentucky vuelve a mecerse con los latidos de los forajidos del country, como Willie, Waylon y Merle Haggard. y los del rhythm and blues como Ray Charles, Otis Redding o Aretha Franklin, con la significación que todos ellos tienen en la historia de la música popular.

Desde las tierras de Downey, en California, el veterano Dave Alvin también ha aprovechado estos tiempos extraños que nos han obligado al confinamiento para mirar en sus archivos y completar From an Old Guitar: Rare and Unreleased Recordings, descubriendo algunas de sus debilidades personales como es el caso de Marty Robbins, que nunca nos ha parecido suficientemente reconocido, a pesar de ser una influencia constante en muchos de los artistas cercanos a la música de raíz. “Man Walks Among Us” es un ejemplo de su gran talento, siendo una canción que compuso y grabó en 1963 para su álbum Return of the Gunfighter con ciertos tintes agridulces. Lo que dejaba claro era su cariño por los paisajes del Oeste y, sobre todo, los de su Arizona natal.

Steve Earle se ha acogido a su banda de acompañamiento de estos últimos años, The Dukes, donde militan nuestros buenos amigos Eleanor Whitmore y Chris Masterson, para grabar J.T. Es un trabajo que se ha convertido en el disco que nunca hubiera querido lanzar. En él rinde homenaje a su hijo, Justin Townes Earle (J.T.), que falleció el pasado 20 de agosto en Nashville, su ciudad natal. Se publicará digitalmente el 4 de enero de 2021, el día en que hubiera cumplido 39 años, mientras el vinilo y el CD verán la luz pasado el invierno, a mediados de marzo. El álbum se titula J.T. porque era así como le llamaban familiarmente, tras apodarle Cowboy en su infancia. Steve Earle & The Dukes han versionado 10 de las canciones que Justin nos dejó desde su debut discográfico en 2007 con el EP Yuma, que le trajo por primera y única vez a España, y su último registro, The Saint Of Lost Causes, del pasado año. Hoy anticipamos la lectura sonora que han realizado de “Harlem River Blues”, el tema que dio nombre genérico a su trabajo de 2010 y que se convertiría en la mejor canción del año siguiente para la Americana Music Association en su entrega de premios anuales. Todos los derechos de este álbum que, según Steve, son la mejor forma de decir adiós a un hijo que vivió siempre de forma apasionada, serán entregados a Etta St. James Earle, la hija de tres años de Justin. Su única hija.

Si una guitarrita de enorme prestigio decide rendir homenaje a otro guitarrista legendario convertido, además, en uno de sus grandes amigos organizando un festival que reúna, a su vez, a una lista interminable de guitarristas… estamos en una gozosa reiteración de los sonidos de seis, ocho, 10 o 12 cuerdas interpretando canciones de casi cualquier género musical. Eric Clapton, uno de los guitarristas más sobresalientes de la historia, lo hizo en 1999 cuando se produjo el primer concierto benéfico de Crossroad en el Madison Square Garden de Nueva York. Su amigo del alma era JJ Cale. El Crossroads Guitar festival hizo su debut en 2004 en el Cotton Bowl de Dallas, del que se publicó un doble DVD que pasa por ser uno de los más vendidos de la historia en ese formato. Las publicaciones de las siguientes ediciones, en 2007, 2010 y 2013, también fueron millonarias. Tras una pausa de seis años, regresó en 2019 en la capital del estado de Texas y con un listado infinito de colaboraciones estelares como las de Gary Clark Jr., Robert Cray, Sheryl Crow, Buddy Guy, John Mayer, Keb 'Mo', Bonnie Raitt, la Tedeschi Trucks Band, Peter Frampton o Vince Gill, entre otras muchas. Clapton siempre ha manifestado un enorme respeto hacia el country, sus grandes figuras y sus guitarristas. Músicos como Albert Lee o Vince Gill han sido habituales en sus Crossroads y en esta última edición hemos podido escucharles junto a Jerry Douglas en esta versión de “Tonight The Bottle Let me Down”, con Vince Gill de cantante solista y el espíritu de Merle Haggard en el ambiente. El Crossroads Guitar Festival recauda fondos para el Crossroads Center de las llamadas Pequeñas Antillas, un centro educativo y de tratamiento contra la drogadicción que el músico fundó en 1998.

La despedida del programa de hoy, antes de citarnos para mañana a la hora del aperitivo, es la de un tipo que ha marcado su recorrido con un estilo al que siempre llamamos rock pantanoso. Es John Fogerty, el líder indiscutible de la Creedence Clearwater Revival, que en los últimos tiempos ha venido recreándose en las grandes canciones del legendario grupo californiano para presentarse en directo. Todo ello se vio interrumpido por la llegada de la pandemia y su aislamiento en casa y decidió, ante la imposibilidad de trabajar con sus músicos habituales, que su banda de acompañamiento la formarán sus hijos pequeños: Shane, de 28; Tyler, de 27; y Kelsy, de 18.

Empezaron a tocar juntos y a compartirlo en su canal de YouTube, de tal forma que ahora ha decidido convertirlo en un álbum que ha titulado Fogerty’s Factory, como un guiño al medio siglo que ha cumplido el álbum de Creedence Clearwater Revival Cosmo’s Factory. De hecho la portada es una puesta al día de la original. En realidad, todo fue una idea de su mujer, Julie, como una especie de antídoto ante la situación creada por la pandemia. En Fogerty’s Factory hay canciones de álbumes en solitario de John Fogerty y clásicos de Creedence Clearwater Revival, pero también se incluyen un par de versiones. Una es “Lean On Me” de Bill Whiters y la otra la inmortal “City Of New Orleans” Steve Goodman convertida en la mejor canción de trenes de la historia.

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